El líder es un sirviente

Autor: Feliks Kasmi

Hay una imagen muy extendida del dueño de una empresa.

El que llega tarde, sale pronto y firma lo que otros hacen. El que tiene el despacho grande, el

coche bueno y las vacaciones largas. El que delega todo y trabaja poco.

Esa imagen existe. Pero no describe a un líder.

Describe a alguien que confunde tener una empresa con haber llegado a algún sitio.

El COVID me enseñó algo que no olvidaré.

Cuando todo se paró, cuando los hoteles cerraron y el equipo se redujo a lo mínimo, no había

manual de instrucciones. No había protocolo. Había decisiones difíciles, incertidumbre cada

mañana y un equipo mirándote para ver cómo reaccionabas.

Y lo que aprendí es que el liderazgo no se demuestra cuando todo va bien.

Se demuestra en el problema. En la crisis. En el momento en que hace falta arrimar el hombro

aunque eso no esté en tu descripción de puesto.

Limpiamos habitaciones. Estuvimos en obra para que los hitos se cumplieran. Hicimos lo que

hiciera falta para que el equipo no se sintiera solo.

No porque fuera mi obligación.

Sino porque no puedes pedirle a tu equipo lo que tú no estás dispuesto a hacer.

El líder no está en la cima mirando hacia abajo. Está debajo, aguantando el peso para que los

demás puedan subir. Su trabajo no es brillar — es crear las condiciones para que brille su

equipo. Para que otros crezcan, tomen decisiones, asuman responsabilidades y mejoren cada

día.

Eso requiere más energía, no menos. Más presencia, no más distancia.

El líder es un sirviente.

Y los mejores que he conocido nunca tuvieron que decírselo a nadie.

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